Una huella en el camino (Cap.1) - Aria De La Torre

Capítulo 1.  La desconexión.

 

Jueves por la tarde, mis amigas me llamaban y enviaban insistentemente mensajes que oía desde lejos en mi teléfono, pero era uno de esos días en los que me apetecía desconectar y alejarme de la realidad aunque sea por una hora.


Vivimos en una época en la que nos es muy difícil tener momentos de soledad buscada, de silencio y en definitiva de libertad de cuando y dónde queremos conectar con el mundo.


Cuando me decidí a “conectar” de nuevo ya era muy tarde, vi treinta y dos mensajes sin leer y tres llamadas perdidas, buff que agobio. Mañana será otro día.


Era viernes a las 7:30 de la mañana y empecé a leer los mensajes en casa antes de salir y contestar llamadas hacia el trabajo mientras conducía. Recuerdo con bastante añoranza la época en la que teníamos que buscar una cabina para hacer una llamada, hablar cara a cara con mis amigos, me pasaba la tarde riendo y recibía mensajes o cartas manuscritas, administraba mejor mi tiempo y creo que disfrutaba más de la vida, en este caso decir que cualquier pasado fue peor, no sé qué pensar. La
tecnología nos ha dado muchos pluses en nuestra calidad de vida pero de alguna manera a conseguido deshumanizar la sociedad.


Ya no nos abrazamos tanto, damos por hecho que mandar un mensaje es cumplir con el otro, quedar bien y cómodamente desde nuestro sofá, que más se puede pedir… en fin.


En una de esas llamadas, una de mis mejores amigas me dice que el sábado muy temprano va a pasar una mañana en el campo, que conoce a una gente que hace actividades diferentes y por unas rutas muy interesantes de la isla.


¿Sábado temprano?¿caminar? suciedad , bichos , qué pereza le dije , después de estar trabajando toda la semana , levantarme muy temprano el sábado no era una de mis prioridades.

Hace ya cinco años de mi divorcio, cuando eso ocurre, “fabricas” de nuevo tu propia vida desde cero. Necesité ayuda profesional de un psicólogo durante un tiempo para dar pasos hacia delante y una de las tareas que tenía que hacer es escribir este diario. A la gente le da vergüenza admitir que hay veces que necesitamos ayuda y no la pedimos, nos quedamos atrapados dentro de un círculo vicioso que creamos nosotros mismos y nos retuerce la vida diaria hacia unos lugares oscuros. Yo encontré la luz, o esa ventana que se abre de nuevo, fui fuerte y ya soy otra persona, optimista y alegre.


Lo organizas todo incluso voluntariamente de forma que no se parezca en nada a esa época que prefieres borrar. Mis amigas son conscientes de que las necesito y están conmigo desde el primer día, desde que comencé a
dejar de ser feliz. Por eso a ellas siempre las respondo, de día y de noche y a la hora que ellas decidan. Creo que la amistad es eso y gracias a ellas he vuelto a ser yo misma.
Ya he pasado la mitad de una vida y pocas cosas me llaman la atención.


Después de que mi amiga no hiciera más que hablarme del tema decidí hacerla caso y probé, le dije que me apuntara sobre todo para acompañarla y esta fue mi manera de pasar de una “desconexión” voluntaria a un conexión forzada por amistad.

Sábado 6:30 de la mañana, no sabía que hacía despierta a esa hora en la que sólo están los camiones de la basura y los panaderos. Mi día libre tirado a la basura, pensé.
Me dirijo al punto de encuentro donde me encontré con mi amiga y con un grupo de gente que asombrosamente se reían y soltaban bromas a esas horas, pensé que estaban un poco locos. Nos subimos a una guagua que nos esperaba y empezamos a recorrer carretera.


Mi amiga no me dijo para sorprenderme a dónde nos dirigíamos, ella sabe que no me gustan las sorpresas, me gusta controlarlo todo y estaba un poco incómoda por eso, me lo notó y a pesar de eso me contaba mientras avanzábamos por la carretera sus aventuras semanales en el trabajo .

La guagua paró, eran las 8:45 de la mañana y estábamos en un sitio que no conocía de nada, nos bajamos y empecé a respirar.


Parecía un aire de otro planeta, era tan limpio que mi cuerpo tardó unos minutos en adaptarse a esa sensación de naturaleza que un urbanita hace tiempo que olvidó.
Empezamos a caminar por unos senderos que nos fueron indicados muy bien por los monitores al mismo tiempo que nos explicaban el lugar, su historia y su naturaleza.


Mi sensación fue de incredulidad y de ignorancia de mi propia tierra, era un paraje precioso, me atrapaba por momentos, me sentía libre y sobre todo volvía a sentir la sensación de contacto con los demás, de conocer gente nueva que siempre aporta experiencias de la vida, nunca estás realmente sola.


En un paraje desde el que veíamos como el agua de lluvia desde la montaña caía limpia y pura, respiré de nuevo, volví a disfrutar como una niña de la naturaleza.


Creo en el fondo que mi amiga sabía que necesitaba esto, ella me conoce bien y esto de romper con la rutina es absolutamente necesario para devolvernos a la realidad que nos rodea.


Con cada paso que daba me daba cuenta del regalo que me había entregado mi amiga y sonreía, me volvía a reír de nuevo, era simple felicidad.


Mientras caminaba preguntaba a los monitores, porque soy muy curiosa, sobre la variedad de rutas y su complicación. Me informaron que podía optar a muchísimas rutas y de varios lugares e incluso viajar a otros lugares de España y fuera de ella.

Mi mirada no hacía más que cruzarse con mi amiga como futuros cómplices de otra aventura más. Ella asentía como una madre al regalarle algo a una niña detrás de un escaparate.


Eran ya las 12 de la mañana y quería más, descubrir, aprender, conocer,conectar, pero al final se acabó, nos recogieron y nos llevaron de nuevo al punto de recogida. Debo reconocer que los monitores son estupendos y se preocupan mucho por los participantes.

No sabía cómo agradecer a mi amiga este día, la abracé y la bese no sé ni cuantas veces. Le pedí por favor que no se olvidara de mí para otra aventura como ésta o diferente pero que contara conmigo.


Ella asintió y me dijo: “se acabó la desconexión, a partir de ahora caminaremos juntas”.


Prometo seguir escribiendo este diario. Sábado 18:30 de la tarde.

Cap 2: https://gcapie.es/blog/11-una-huella-en-el-camino-cap-2---aria-de-la-torre.html

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