Una huella en el camino (Cap.2) - Aria De La Torre

Hoy me veo obligada a forzarme a salir, a mirarme al espejo, a reafirmarme de alguna manera, a encontrar la forma de salir de ese pozo en el que entras sin darte cuenta, no sé por qué razón sólo tengo ganas de llorar, sin ganas.
Es martes y son las 17:10 de la tarde, en los informativos sólo detecto malas noticias, serán cosas mías, pero sólo veo eso. No me encuentro con fuerzas de ver algo positivo a mi alrededor. Mi soledad es elegida pero a veces pesa y mucho.


Mi amiga tiene pareja y no quiero ser molesta, tendrá sus cosas que hacer y entiendo que el tiempo para ella corre de forma diferente. Pero en el fondo sólo deseo que me llame, que contacte conmigo de la forma que quiera o pueda y a cualquier hora.
El último día que pasamos juntas fue mágico y es precisamente eso lo que necesito hoy, una ilusión, una ventana por donde sacar la cabeza y respirar. Tener apuntado que ese día haré algo es como un parque temático para un niño, ilusión y felicidad temporal pero en definitiva una ilusión.


Durante la semana, en el trabajo, me siento como un ser raro al ser la única divorciada de 50 años que vive sola. Creo que mis compañeros me ven como la loca distraída que es incapaz de encontrar pareja, la solitaria, la verdad es que no soy de esas que van desayunar juntas, culpa mía, lo sé, me cuesta ser empática por lo menos por ahora, supongo que necesito pasar este trance que es como un luto autoimpuesto y que no necesito compartir. No me gusta contar mis basuras personales a extraños que en el fondo sólo servirán como conversación en cafeterías.
Desayuno incluso en el office de la empresa, no salgo a la calle, un tupper con un yogur, una manzana y alguna galleta integral, sola. Siempre espero a que quede vacío ese espacio, para entrar con mi envase de plástico como un escolar en el recreo que no quiere compartir la merienda. Sólo se escucha de fondo las conversaciones sin sentido o los chistes que creen que nunca ha repetido en la máquina de café, me asomo, es mi jefa y su grupo de palmeros que le ríen todo a pesar de que no tenga ninguna gracia lo que cuenta.

 

Sigo sin noticias de mi amiga y ya es miércoles, me quedan dos días para saber si tengo planes, qué triste. Soy consciente de que tengo depresión, me psicólogo me lo dijo y que lo tenga claro también me ayuda a comprender el por qué de mis pequeñas o grandes tristezas.
Ese tránsito de montaña rusa que nunca puedo controlar y que me tiene atada hasta que pueda con ella. Podré, estoy segura, pero cada paso que doy noto que el camino es duro y tiene aristas.


Me siento estigmatizada por eso, porque nadie sabe lo que se siente siendo yo ahora, te dicen que te comprenden, que te entienden, pero en el fondo o mienten o es sólo compasión barata e ignorante.
Viernes 11:00 de la mañana, sólo escucho, ¡por fin es viernes! , para mí es como si fuera martes o peor porque no sé qué hacer el fin de semana. Me sentí tan mal que le quité al móvil el sonido y volví a desconectar ¿quién me llamaría? ¿Quién se interesaría por mi?, nadie me espera a mi llegada a casa para preguntarme qué tal el día. Sigue siendo viernes y estoy en el trabajo, cuando son las 16:00 de la tarde me doy cuenta de que mi teléfono no tenía el sonido conectado y se lo puse. De repente empezaron a sonar alarmas de mensajes como si fueran
las doce campanadas de año viejo.


Era mi amiga, sólo escuche el primer mensaje mientras me dirigía a mi casa, me decía que la llamara en cuanto pudiera , el resto lo dejaría para cuando llegara por lo menos para escuchar a alguien al llegar. Aparco mi coche en el garaje y cuando subo hacia mi casa me encuentro con mi amiga, me abraza desesperadamente, nerviosa y asustada. “Nunca me hagas eso, pensé que te había pasado algo, que habías tenido un accidente y que por eso no me contestabas” Sólo podía pedirle perdón mientras la consolaba, “pasa tómate un café”

Nos sentamos en el salón y le puse música de forma casi inconsciente como si eso fuera como un valium espiritual para ella. Una vez que se tranquilizó, me explicó que mañana sábado iríamos por la noche a ver algo espectacular y que tampoco me diría dónde. Me dejé llevar por su ilusión y mi sensación de vacío que ansiaba llenar. Me recogió a las 19:30 de la tarde y fuimos a un punto de recogida como la otra vez. Volvía a tener la misma sensación de ver a un grupo de gente feliz que esperaba de ese día algo especial. Ya anochecía y fuimos a un paraje sin nubes en el cielo, sin contaminación acústica ni lumínica. Notaba que ya había personas del grupo que ya habían estado en el lugar, que habían repetido. Y llegó por fin el momento, nos sentamos todos a disfrutar del cielo, sólo de eso, sin nada alrededor que nos distrajera ni de cobertura que nos molestara.


Sólo el que tiene esta experiencia es consciente de lo pequeños e insignificantes que somos, unas pequeñas motas de polvo en el universo. Esto me ha hecho reflexionar sobre mi situación personal, me dije a mi misma claramente que no debo de entrar en un pozo cuando hay vida en
todo lo que me rodea, mi obligación conmigo misma en una noche estrellada y maravillosa como ésta es levantarme cada mañana con la sensación de despegar esta losa de mi vida, que soy libre, que estoy llena de vida, que nada me ata. Hay sensaciones y experiencias que descubrimos sin querer que nos hacen creer de nuevo en nosotras mismas, en nuestro futuro, en el día a día y que no hay nada que pueda con nadie si no se deja vencer. Nuestros problemas pueden ser tan pequeños como un grano de arena en el desierto. Sólo necesitamos ver la vida desde otra perspectiva, desde otra mirada, desde otro punto de vista. Tenía razón el psicólogo cuando me dijo que escribir me ayudaría.

Cuando conseguimos sintonizar con cada uno de nosotros, nos mirábamos como si hubiéramos descubierto un mundo diferente dentro de cada uno de nosotros. Nos recogieron y nos llevaron de vuelta al punto de recogida era sábado a las 22:15 de la noche y llegué a casa feliz. Mi estigma desapareció de mi cabeza y conseguí dormir con la sonrisa puesta. Por primera vez no tomé pastillas para ayudarme a dormir.

 

Cap 1: https://gcapie.es/blog/5-una-huella-en-el-camino-cap-1---aria-de-la-torre.html

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